El cierre que descuadra

Por qué el cierre de mes siempre descuadra (y no es culpa de nadie)

El día 30 a las siete de la tarde alguien está mirando dos totales en dos pantallas distintas.

Uno pone 14.820.

El otro pone 14.747.

Y empieza la tarde larga.

No es la primera vez. El mes pasado también descuadró. El de antes, también. Siempre hay una explicación, siempre aparece el número que faltaba, y siempre la búsqueda se lleva más tiempo del que debería. Y sin embargo, el mes siguiente vuelve a pasar.

Mira, si esto te suena, tienes el mismo problema que veo repetirse en casi todos los cierres de mes de las pymes con las que trabajo: el mismo número viviendo en dos sitios a la vez, y un humano haciendo de puente entre los dos.

El descuadre nace ahí, en el salto entre los dos sitios.

La raíz del descuadre: el mismo dato en dos sitios

Déjame contarte algo que veo una y otra vez en las visitas.

Un proveedor lleva el control de sus horas o sus líneas en un Excel. Su propio sumatorio al final. El cliente tiene otro Excel prácticamente igual, donde va registrando lo mismo por su lado, con su propio sumatorio. A fin de mes los dos totales tienen que coincidir.

Y casi nunca coinciden.

Los dos Excels son dos copias distintas de la misma realidad. Y la realidad solo es una.

Cuando hay una discrepancia, la caza es siempre igual, siempre: revisar línea a línea, comparar, recalcular, volver a comparar, llamar al otro para ver qué versión tiene él, descubrir que su versión también ha cambiado desde la semana pasada, y al final dar con el número que se coló en el sitio equivocado, que casi siempre es un decimal o una línea que alguien contó dos veces. Una tarde entera, a veces más, persiguiendo un número que debería haber estado en un solo sitio desde el principio.

El problema está en la arquitectura.

Los tres puntos donde entra el error

El descuadre tiene tres puertas de entrada habituales. Conocerlas no lo resuelve solo, pero ayuda a saber dónde mirar.

1. El salto manual entre sistemas

Cuando alguien tiene que pasar un dato de una pantalla a otra a mano, el proceso tiene una grieta incorporada.

Lo veo mucho con pantallas donde las líneas van muy juntas. El operario va pasando con el dedo, teclea, avanza al siguiente, lo envía. Y a veces, solo a veces, el número que teclea no es el que tenía delante. Un pequeño desfase de lectura, un decimal mal puesto, una fila que se salta porque la pantalla tiene el scroll a la mitad.

El error no lo nota nadie en ese momento. Aparece el día 30, cuando los dos sumatorios no cuadran.

La máquina que hace ese salto automáticamente no pierde decimales. No se despista a las cinco de la tarde cuando llevas seis horas de pantalla.

2. La suma manual a muchas líneas

A veces el descuadre ya viene de antes: la propia suma sale mal antes de que el dato viaje a ningún otro sitio.

Sumar a mano 200 líneas a las ocho de la tarde de un día 30… alguna acaba saliendo mal, seguro. Lo monótono bajo presión cansa, y la concentración no da para tanto.

Un Excel con la fórmula en la celda de total no tiene tardes malas: no suma una fila de más ni se la salta.

3. La versión del proceso que nadie tiene anotada

Este es el más silencioso de los tres y el más difícil de ver.

Cuando el proceso de cierre vive solo en la cabeza de la persona que lo hace, cada mes se ejecuta con pequeñas variaciones que nadie registra. Un mes se incluye una partida que el mes anterior se había dejado fuera. Otro mes alguien añade una línea que no estaba en la plantilla.

Aquí nadie está equivocado. Los dos sistemas son correctos cada uno con sus propias reglas, y cuando las reglas no coinciden, los totales tampoco.

El salto manual del dato

El coste real: más allá de la tarde larga

Una tarde de búsqueda al mes puede parecer poco. Pero hay tres costes que no aparecen en ninguna factura y que se acumulan sin que nadie los mida.

Las horas de la caza. Si el cierre lo lleva una persona que factura internamente a 30 o 40 euros la hora, una tarde de tres horas buscando un descuadre son entre 90 y 120 euros en trabajo que no genera nada. Multiplicado por doce meses.

Si quieres ver el número exacto aplicado a tu equipo, la calculadora de la auditoría te lo saca en menos de dos minutos.

La desconfianza en los números. Cuando el cierre descuadra de forma recurrente, pasa algo más sutil: los números dejan de ser fiables. Nadie sabe con certeza si el total que tiene es el definitivo. Y cuando no confías en tus propios totales, tomar decisiones sobre ellos es arriesgado.

Las decisiones sobre datos que no cuadran. ¿Cuánto puedo pagar a proveedores este mes? ¿Tengo margen para tal inversión? ¿Cierro el mes en positivo? Si los datos del cierre son los de la semana pasada porque los de esta semana aún no han cuadrado, estás tomando decisiones sobre una foto que ya no existe.

El dato

Una tarde al mes, cada mes

Entre 90 y 120 € de trabajo que no genera nada, buscando un descuadre antes siquiera de encontrarlo. Multiplicado por doce.

Lo que hay detrás cuando el cierre no descuadra

Cuando el cierre de mes funciona sin sorpresas, casi siempre hay una cosa en común: el dato se captura una sola vez y fluye desde ahí.

Hay una fuente única donde el dato entra, y de esa fuente salen todos los totales. Es como tener un solo reloj en la oficina en vez de que cada uno lleve el suyo e intenten sincronizarlos al entrar por la puerta: si el reloj es uno, la hora es una. Lo que un lado registra, el otro lo ve sin tener que copiarlo.

No hace falta un sistema complejo. En muchos casos es tan sencillo como un formulario que vuelca en una hoja compartida, o una herramienta que ambas partes pueden consultar en tiempo real. Da casi igual la herramienta. El resultado lo cambia el principio de debajo: el mismo dato en un solo sitio, y los sistemas leyendo de ahí.

Lo que me contó un empresario en una de esas primeras llamadas se me quedó grabado: su gestor le había montado una herramienta para tener la conciliación bancaria organizada, nada del otro mundo, una cosa sencilla pero que funcionaba, y cuando le pregunté qué le había dado eso, me dijo que ya no tenía que pasarse la mañana cruzando extractos con facturas. Lo que antes era una mañana, ahora era una comprobación.

Le había quitado de encima el trabajo que no genera nada. Las mismas horas del día, pero con espacio para otra cosa.

Qué mirar en tu propio cierre

Si tu cierre de mes tiene un patrón de descuadre, hay cuatro preguntas que suelen señalar dónde está el problema:

¿El mismo dato existe en más de un sitio? Si hay dos sistemas que llevan cuenta de lo mismo y se comparan al final del mes, el problema ya está ahí, antes de que ocurra el primer descuadre.

¿Hay un paso manual de datos entre sistemas? Alguien que copia de una pantalla a otra, que rellena una celda con un número que ya existe en otro sitio. Ahí está el riesgo.

¿El cierre depende de una sola persona para cuadrar? Si hay un cuello de botella (alguien que lo recibe todo al final del mes y lo junta) el proceso tiene un punto de fallo concentrado. Cuando esa persona falta o está saturada, el cierre se retrasa.

Y luego está el número real: cuántas horas se van en el cierre cada mes. No vale la sensación de «bastante»; hace falta el número. Porque cuando lo calculas en horas y lo pasas a euros, el coste de seguir igual casi siempre es más alto de lo que parece.

Por qué esto es un problema de proceso, no de personas

Si en tu empresa el cierre de mes descuadra todos los meses, tu equipo no suma mal. Lo que pasa es que el proceso le obliga a algo que ningún proceso debería exigir: mantener sincronizados a mano dos sitios donde vive el mismo número.

Eso falla, antes o después. Es lo que hace un proceso de ese tipo.

La salida es diseñar el proceso para que el error no pueda entrar. Que no haya salto manual donde meterse.

Cuando eliminas ese salto, el cierre de mes se convierte en una comprobación. Diez minutos en lugar de tres horas. Los números pasan a ser lo que deberían haber sido siempre: una foto real de cómo está el mes.

La pregunta

¿En cuántos sitios vive el mismo número?

Esa es la primera pregunta. Si la respuesta es «en más de uno», el descuadre ya tiene dirección.

En la pieza sobre cuánto cuesta automatizar un proceso explico cómo calcular si tiene sentido intervenir, y qué factores determinan la complejidad de cada caso. Si reconoces este patrón en tu cierre, es un buen punto de partida.

Y si prefieres empezar por algo concreto y de tu mano, el checklist de 27 tareas que puedes automatizar te da un primer mapa de por dónde mirar.

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Javi Collado

Javi Collado — Consultor de automatizaciones y sistemas operativos para pymes en Algeciras y el Campo de Gibraltar. Antes en Apple y Maersk. Ahora quito el trabajo manual de en medio para que tu equipo resuelva, no copie datos de una pantalla a otra. Presencial en la comarca; en remoto, donde el proyecto lo pida. Más sobre mí →

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