Las dos averías

¿Cuánto cuesta automatizar un proceso? (y de qué depende)

Hay una pregunta que escucho en casi todas las primeras llamadas.

La hacen antes de contarme qué hacen. Antes de describir el problema. A veces ni me han dicho todavía cómo se llama la empresa.

“Oye, ¿y esto cuánto costaría?”

Lo entiendo. Es una pregunta razonable. El problema es que, en este punto, es también la pregunta equivocada.

Es como llamar a un fontanero y preguntarle cuánto te va a cobrar antes de decirle si gotea el grifo o se ha roto la tubería de la cocina. Las dos son fontanería. Pero una son veinte minutos y una junta de repuesto, y la otra es una tarde y media pared abierta.

La automatización funciona igual. Cuánto cuesta automatizar un proceso depende exactamente de lo mismo que en la fontanería: de qué problema tienes delante.

Precio de catálogo no existe: cada proceso es distinto. Lo que sí se repite son los factores que mueven el número. Y esos factores son lo que voy a contarte.

Para quién no es este artículo

Si lo que buscas es una tabla de precios con rangos en euros, no la vas a encontrar aquí.

Publicar un rango sin conocer tu proceso sería venderte humo, y encima humo caro. Una horquilla inventada no te dice nada útil; lo único que consigue es que llegues a la llamada con un número en la cabeza que quizás no tiene nada que ver con lo que tú necesitas.

Lo que sí puedo darte son los factores que mueven ese número. Porque esos sí son los mismos para todos.

Los cinco factores que determinan lo que cuesta automatizar

1. Cuántos sistemas hay que conectar (y si tienen puerta o hay que entrar por la ventana)

Una automatización mueve datos de un sitio a otro. Cuantos más sitios, más trabajo. Pero lo que de verdad mueve el precio es otra cosa: si esos sistemas tienen API (una puerta oficial por donde conectarse) o si hay que inventarse otra manera de entrar.

Conectar tu herramienta de proyectos con tu software de facturación cuando ambos tienen API abierta es trabajo de fontanería estándar. Conectar un sistema de gestión de los años noventa que no habla con nada, o que solo exporta un PDF con los datos dentro de una imagen, es otra historia.

2. Si el proceso está definido o roto

Aquí está el factor que más subestima la gente.

Automatizar un proceso bien definido es rápido y barato. Se mapea, se conecta, se prueba y rueda.

Automatizar un proceso que nadie tiene claro cuesta el doble: una vez arreglar el proceso, y otra vez automatizarlo. De las dos, la parte técnica suele ser la fácil.

Lo que veo más en las pymes es que el proceso existe, pero vive en las cabezas de dos o tres personas que lo resuelven cada una a su manera. Y cuando les preguntas cómo funciona, te describen cómo debería funcionar, no cómo funciona de verdad.

Suele pasar igual en sectores de todo tipo. La persona que me explica el proceso es normalmente el responsable, el que conoce el flujo ideal. Cuando bajamos al nivel de quien lo ejecuta cada día, hay dos o tres variantes del mismo proceso, y ninguna es exactamente lo que me describieron al principio. Nadie miente, ojo. Simplemente nadie lo había puesto en papel nunca.

Me pasó con una empresa de aquí de la comarca. En la primera llamada, el encargo sonaba a una cosa: pasar a digital un documento que firmaban en papel. Sencillo. Cuando fui a verles en persona, en vez de un proceso aparecieron cinco capas que nadie había mencionado: grupos de WhatsApp que hacían de archivo, fotos de papeles que alguien pasaba a mano a un Excel, un programa interno que solo tragaba los datos en un formato concreto, y una firma que tenía que valer ante un juez. No me lo habían ocultado. Es que para ellos eso no era «el proceso». Era simplemente cómo se trabajaba de toda la vida.

3. El volumen y la frecuencia

Una automatización que se ejecuta diez veces al mes no justifica el mismo esfuerzo que una que se ejecuta mil. Puede que la segunda ni siquiera sea más cara de construir; el ahorro que genera, en cambio, crece con cada ejecución.

Al final, el precio de verdad se mide en cuánto tarda en pagarse solo.

Un proceso que se repite doscientas veces al mes y que ahora consume quince minutos de una persona tiene un coste mensual que puedes calcular. Con la calculadora de la auditoría, lo ves en segundos: metes las horas, el valor que le das a esas horas, y sale el número.

Con ese número delante, la conversación sobre el coste de la automatización es otra muy distinta.

4. Cuánto cuesta el error humano actual

Hay procesos que se hacen a mano y tardan más de lo que deberían. Eso tiene un coste en horas.

Pero hay procesos donde el error, además de lento, sale caro. Una factura con un dato mal puede devolver el cobro, puede parar un despacho de aduanas, puede generar una reclamación. Un pedido que se pierde en el WhatsApp y nadie sigue es un cliente que no vuelve.

Cuando eches la cuenta del proceso roto, suma las horas. Y luego suma lo que cuestan los errores, que suele ser más.

Vynia (un obrador sin gluten de Algeciras) lo tenía así: tres horas al día contestando WhatsApps, pedidos que se perdían, doce clientas que habían dejado de comprar sin que nadie se diera cuenta. El primer día que el sistema empezó a funcionar aparecieron esas doce clientas y unos 3.000€ que estaban ahí sin que nadie los viera. El coste de la infraestructura, cero al mes.

Ese dinero llevaba meses escapándose; la automatización solo encendió la luz.

El dato

~3.000€ recuperados el primer día

El día que el sistema de Vynia empezó a funcionar. Doce clientas dormidas. Coste de infraestructura: cero al mes.

5. El mantenimiento

Este factor casi nadie lo pregunta en la primera llamada. Y luego es el que más sorprende.

Cuando cambia el software que usas, o cambia la API de una herramienta, o cambia el proceso que conectaba, algo de lo que está automatizado puede necesitar ajuste. No pasa cada semana, pero pasa.

Igual que cuando reformas un baño y detrás del alicatado está toda la fontanería: la reforma tiene un precio, y luego hay un coste de mantener la instalación en condiciones. Pequeño, pero existe.

Por eso, junto al “¿cuánto cuesta construirlo?”, conviene preguntar también “¿quién lo revisa si algo falla?”.

El coste invisible de los procesos manuales

El coste que nadie calcula

Hasta aquí los factores. Pero hay un coste que casi ninguna empresa mide, y que casi siempre es el más alto de todos.

El coste de seguir como estás.

Cada mes que un proceso sigue haciéndose a mano hay horas que se van, errores que se cometen, algún cliente que se enfría porque nadie le contestó a tiempo, y todo eso se acumula sin aparecer en ninguna factura, que es justo lo que lo hace tan traicionero: como no lo ves, no duele, y como no duele, nadie lo arregla.

La calculadora que vive en la página de auditoría hace exactamente eso: te pregunta cuántas horas se van en una tarea concreta, cuántas veces a la semana, y cuánto vale el tiempo de quien la hace. Con eso, el número que aparece es lo que te cuesta cada mes seguir igual. Y casi siempre es bastante más de lo que la gente espera.

El orden que funciona

Cuando alguien me pregunta cuánto cuesta automatizar, lo primero que hago es darle la vuelta.

¿Cuánto te cuesta hacerlo a mano ahora mismo?

Cuando ese número está sobre la mesa (horas por semana, personas implicadas, errores frecuentes, coste del error), la conversación sobre el precio de la automatización tiene un suelo. Y casi siempre ese suelo revela que el proyecto se paga en pocos meses.

Lo digo así en las calls: en un proyecto grande yo no cobro la consultoría por horas. Cobro por resultado. El baremo que uso es el valor. ¿A ti esto te va a ahorrar X al mes? Pues vemos cómo encajamos eso, porque esa inversión al final la tienes amortizada.

Hay ayudas públicas que en su momento han cubierto parte de ese coste. El Kit Digital, sin ir más lejos, tiene una categoría oficial que se llama justo así: «Gestión de procesos». Ahora mismo no hay plazo de solicitud abierto para pymes de menos de 50 empleados, pero el programa sigue vigente hasta que se agoten los fondos, y estas ventanas se abren y se cierran sin avisar mucho. En la guía de ayudas del Campo de Gibraltar explico cuáles aplican según el tamaño de tu empresa.

La pregunta

¿Cuánto te cuesta hacerlo a mano ahora mismo?

Antes de hablar de precio, ese es el número que importa. La calculadora te lo dice en segundos.

Lo que pasa cuando lo miramos juntos

Eso es lo que hacemos en la llamada inicial: antes de hablar de precio, mirar el proceso.

Dónde se va el tiempo. Cuántas manos tocan el mismo dato. Si el proceso está definido o cada persona lo resuelve a su manera. Si hay errores frecuentes y qué cuestan.

Con eso, en veinte minutos, ya sé si tiene sentido avanzar y qué escala tiene el problema. Y tú sabes lo mismo.

Sin coste, sin compromiso.

Empieza por una llamada.

Javi Collado

Javi Collado — Consultor de automatizaciones y sistemas operativos para pymes en Algeciras y el Campo de Gibraltar. Antes en Apple y Maersk. Ahora quito el trabajo manual de en medio para que tu equipo resuelva, no copie datos de una pantalla a otra. Presencial en la comarca; en remoto, donde el proyecto lo pida. Más sobre mí →

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